
Netflix intensificó su rechazo a las nuevas normas de contenidos impuestas en Francia a los servicios globales de streaming.
La compañía se aliará con otros streamers para presentar una apelación formal ante el Consejo de Estado de Francia contra las últimas directrices derivadas de la Directiva de Servicios de Comunicación Audiovisual (AVMS) de la Unión Europea.
En una columna publicada este lunes en el diario francés ‘Le Monde’, Pauline Dauvin, VP de contenidos de Netflix en Francia, afirmó que los intentos de obligar a los servicios de streaming a invertir más en animación, documentales y espectáculos en vivo “cruzan una línea”.

Francia ya había impuesto a los streamers requisitos más exigentes que la mayoría de los países, a partir de la implementación en 2021 de la directiva europea AVMS, que obliga a compañías como Netflix, Prime Video y Disney+ a invertir el 20% de sus ingresos locales en películas y series francesas y europeas.
En ese sentido, Netflix asegura que ya invierte más de €250 millones (US$ 285 millones) al año en series, películas y documentales franceses, lo que la convierte en uno de los principales socios privados de la producción creativa del país.
La compañía afirma además que, desde su lanzamiento en Francia en 2014, realizó más de 160 títulos locales, entre ellos ‘Lupin’, ‘Sous la Seine’, ‘Tapie’ y ‘Ad Vitam’, y aportó más de €2.000 millones a la economía creativa local.
Sin embargo, la regulación francesa avanzó ahora con nuevas “normas de diversidad” que buscan proteger géneros considerados más amenazados, como la animación, los documentales y los espectáculos en vivo, obligando a invertir en esas áreas.
Netflix cuenta con una cartera de documentales franceses, como ‘Le Bus: Les Bleus en grève’, y de animación, como ‘Arcane’ y ‘Blue Eye Samurai’, pero aseguró que las nuevas normas son inviables.
“En la práctica, duplican de forma abrupta nuestra inversión obligatoria en estos géneros, se aplican únicamente a los servicios de streaming e imponen una hoja de ruta editorial rígida que ignora lo que las audiencias realmente ven”, dijo Dauvin.
“Ya tenemos obligaciones de apoyo a la animación y a los documentales de creación, incluidas subcuotas específicas para obras independientes y en lengua francesa. Pero estas nuevas normas cruzan una línea. Pretenden fijar por ley el equilibrio exacto de géneros de nuestra oferta, limitan nuestra capacidad de apoyar otros tipos de obras francesas, como drama, comedia y unscripted, y lo hacen solo para los streamers, mientras que los broadcasters tradicionales quedan exentos. Cuando la regulación empieza a programar servicios individuales, la ‘diversidad’ se convierte en una lista de casillas por marcar y los espectadores pierden”.
Netflix viene ejerciendo una fuerte presión contra la aplicación de las directrices europeas a sus contenidos.
Su máximo ejecutivo para EMEA, Larry Tanz, dijo recientemente a C21 que esas regulaciones constituían un exceso y podían dañar a la industria, dado el volumen de inversión anual de Netflix en contenidos.
“El impacto va mucho más allá de Netflix”, agregó Dauvin. “Cuando se acumulan obligaciones cada vez mayores sobre un grupo de actores, los costos suben en todo el sistema, una parte creciente de la carga financiera recae sobre los streamers extranjeros y todos terminan con menos margen e incentivos para asumir riesgos creativos. En un mercado donde la inflación y los costos de producción ya están en alza, esa es la receta para un ecosistema frágil: menos apuestas audaces, más casillas por marcar para cumplir con las normas y una dependencia creciente de un puñado de servicios para sostener una carga insostenible”.













