La industria está lanzándose a los microdramas sin entender el formato, dice el fundador de Vertifilms

Pina Mezzera 02-06-2026 ©cveintiuno

Krystof Safer trabaja con el contenido vertical desde antes de que naciera TikTok. Y esa ventaja lo lleva hoy a cuestionar si la industria occidental realmente entendió por qué funcionan los microdramas, mientras se lanza masivamente a producirlos y a intentar llevar el formato hacia otros géneros y públicos.

La producción de microdramas en Europa y las Américas está en plena expansión

Mientras nadie en la industria tradicional parece dispuesto a perderse el (potencial) negocio de los microdramas verticales, hay otros que miran ese movimiento en masa con cierto escepticismo.

Uno de ellos es el checo Krystof Safer. Pero en su caso, el escepticismo no nace de las críticas habituales al formato, sino justamente de conocerlo demasiado bien.

Krystof Safer

Haber lanzado en Praga el festival internacional de contenido vertical Vertifilms en 2016 lo introdujo en el universo 9:16 cuando TikTok no existía, Instagram era “una app para fotos cuadradas de tu almuerzo” y en China nadie hablaba aún de microdramas.

Su experiencia al frente del festival, y el haber seguido en tiempo real el nacimiento, auge e internacionalización de las ficciones verticales, le aporta una visión bastante distinta a la del grueso de la industria occidental.

Probablemente la mejor síntesis de esa visión haya llegado en el último Series Mania, cuando soltó en el escenario: “Los microdramas son porno disfrazado”.

“Fuera de Asia, la mayoría están lanzándose a producir microdramas como una exploración creativa y de negocio, pero sin entender el formato”, afirma en diálogo con Cveintiuno Safer, quien es también productor de ficción tradicional.

Según él, para convertir los microdramas en un negocio real hay que “comprender su evolución, su audiencia, el momento en que se consume y todos los elementos que lo rodean”.

Al desgranar esos elementos, empieza refiriéndose a la experiencia de consumo de las series verticales, radicalmente diferente de la del televisor.

“La audiencia descubrió que existe una pantalla íntima donde puedes mirar algo de forma privada”, razona.

“La relación con tu smartphone no tiene nada que ver con la de tu televisor. En la pared de tu casa no recibes mensajes personales ni fotos íntimas. Es lo mismo con las series que ves. El consumo móvil es personal y nadie lo juzga porque nadie sabe qué estás viendo”.

Todas las ideas de Safer parten de un dato central: la audiencia de los microdramas es mayoritariamente femenina.

Hay estudios que lo respaldan. La consultora Digital i, por ejemplo, analizó recientemente los canales oficiales de YouTube de cinco de las principales apps de microdramas (DramaBox, ReelShort, FlickReels, My Drama y CandyJar) durante 2025, y encontró que las usuarias de entre 35 y 44 años concentraron el 20,8% de las views, frente al 11,5% que representan en el consumo total de YouTube. Los hombres de entre 18 y 24 años, en cambio, representaron el 13,7% del consumo total pero aportaron solo el 6% de las reproducciones en estos canales.

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El fundador de Vertifilms va más lejos al describir el perfil de la audiencia que consolidó el negocio de los microdramas en Asia.

“Es una mujer que está viviendo una vida difícil. Trabaja 10 horas al día y termina agotada. Así que en el camino a casa tiene media hora para ella. Es su momento. Y lo va a usar para dejarse llevar y cumplir alguna fantasía”, dice.

Y entonces reaparece el paralelismo con lo que el contenido adulto genera en los hombres.

“En el porno, sabes exactamente lo que vas a ver e incluso lo preseleccionas según tus preferencias. Con los microdramas ocurre lo mismo: estas mujeres viven vidas duras y por un momento quieren sentirse ‘Pretty Woman’”, explica.

Esta lógica rebate, o al menos explica, prácticamente todas las críticas que habitualmente reciben los microdramas.

A nivel de las historias, justifica la falta de profundidad de los personajes y las tramas, más allá de las limitaciones obvias que generan sus capítulos de uno o dos minutos.

“En esos trayectos y ratos de evasión, esa mujer quiere ver una historia sin grandes sorpresas, que ya sabe cómo termina. Querría incluso estar dentro de ella. Hay algo de esa niña que sueña con que un hombre rico y maravilloso la rescate y la adore para siempre”.

La idea del “porno para mujeres” también explica las tan criticadas interpretaciones extremas de los microdramas, así como la calidad de video con la que muchos se filman y emiten.

“Una de las categorías más exitosas del porno es ‘la chica de al lado’. Y ahí está la clave”, asegura Safer.

Es que esta espectadora “no espera ni quiere ver a Tom Hanks” en estas series porque, siguiendo con la relación personal que genera con su teléfono, la pantalla funciona “casi como un espejo”.

“El carácter poco glamoroso y amateur de los microdramas promedio hace que parezcan casi reales, como si una amiga te hubiera enviado esos videos por FaceTime”, agrega.

My Drama (app de Holywater) permite seleccionar categorías según preferencias

A todo esto se suma la capa de monetización, probablemente el mayor desafío para el contenido vertical en Europa y las Américas, y donde Safer también apunta al contenido adulto y a sacar las conclusiones correctas del fenómeno asiático.

“Cuando las mujeres pagan por ver microdramas, están pagando por fantasear. Igual que los hombres en OnlyFans”, dice sobre la popular plataforma de suscripción donde los creadores comercializan contenido privado sin censura.

Y agrega: “Es importante entender que en muchos países de Asia existe la cultura de comprar cosas de a partes, como el shampoo en dosis pequeñas. Para ellos no es extraño pagar un dólar por algo, en lugar de una suscripción mensual”.

Con todo esto, Safer pone en cuestionamiento la intención de la industria tradicional de lanzarse a producir microdramas verticales con mayor calidad, narrativas más complejas, en otros géneros y para otras audiencias.

“No sé cómo puedes llevar toda esta lógica al contenido de terror para hombres, por ejemplo. Está muy lejos”, asegura.

Igual de alejadas encuentra iniciativas como la de Netflix y sus series cortas en formato horizontal.

“Creo que eso tiene que ver con el amor al cine y al 16:9. Suelen decirte que puedes girar el teléfono. Sí, puedes, pero intenta hacerlo en el metro durante media hora. Hay una cuestión puramente ergonómica. Es incómodo”, señala Safer.

“La gente ya adquirió el hábito de consumir esta pantalla con una mano gracias a las redes sociales. Y finalmente llegó el momento de transformar ese consumo absurdo de TikTok en historias no más profundas, pero sí con narrativas más largas”.

Porque otra clave del éxito de los microdramas según su análisis es que, tal vez paradójicamente, generan un espacio de paz mental.

A diferencia del scroll en Reels o Shorts, que cada 30 segundos te propone un creador y tema distinto, los microdramas permiten vivir esa experiencia íntima del móvil manteniéndote en un mismo universo.

“Algo que descubrí es que la gente quiere quedarse a vivir dentro de esos mundos de fantasía. Y quedarte allí durante 60 minutos te genera paz mental, porque no necesitas procesar constantemente estímulos nuevos”.

Y remata: “Para las cadenas y plataformas esto es súper interesante como una forma de expandir los mundos de sus series. Hay una oportunidad muy grande ahí”.

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