La creación del esperado incentivo al audiovisual permitirá a México “volver a competir” y jugar “de igual a igual” con países como Colombia o Brasil, destacan productores locales y directivos de Canacine.

Luego de meses de presión por parte del sector y de un debate público que venía acumulándose desde por lo menos 2023, el gobierno mexicano formalizó el pasado domingo un incentivo nacional para el cine y el audiovisual.
El anuncio se realizó durante un acto en el Palacio Nacional encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum y fue recibido con beneplácito por parte de la industria local, que destaca que México volverá a ser competitivo y que el efecto será “inmediato”.

“Era fundamental volver a hacer competitivo a México. Estábamos viendo cómo producciones que antes llegaban al país se iban a otros territorios e, incluso, cómo proyectos mexicanos empezaban a filmarse fuera por la falta de incentivos”, dice a Cveintiuno Mauricio Durán, presidente de la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica (Canacine).
Durán subraya que el país ya contaba con ventajas como talento, técnicos y diversidad de locaciones, pero que la falta de un incentivo nacional era una desventaja frente a otros territorios.
“Lo único que faltaba era un incentivo al nivel de los que existen en el mundo, y eso es lo que hoy nos permite volver a competir”, agrega.
Según se explicó durante el anuncio, el nuevo esquema establece un crédito fiscal de hasta el 30% del Impuesto sobre la Renta (ISR), con un tope máximo de 40 millones de pesos (US$ 2,3 millones) por proyecto.
En total, el incentivo tendrá un presupuesto anual de 400 millones de pesos (US$ 23,3 millones) y una vigencia inicial hasta septiembre de 2030.
En las próximas semanas deberán publicarse las reglas de operación, un punto clave para entender cómo funcionará en la práctica el crédito fiscal y su transferencia entre contribuyentes.
Aun así, el presidente de Canacine anticipa un impacto inmediato.

“Es un muy buen inicio. Hoy el incentivo está al nivel de los países que nos competían y creemos que veremos resultados este mismo año, porque la bolsa ya empezó a correr y muchos productores van a aplicar”, destaca.
Durán resalta además que detrás del decreto hubo un trabajo sostenido de coordinación entre asociaciones, productores, guionistas y dependencias federales, además de un empuje político que terminó por destrabar el proceso.
El objetivo es claro: que las producciones regresen, que las mexicanas se queden y que la derrama económica se traduzca en empleo local.
El programa contempla largometrajes, series, documentales, animación, VFX y procesos de postproducción, con umbrales mínimos de gasto y una condición central: al menos 70% del presupuesto deberá ejecutarse en México.
A diferencia de otros estímulos de la región, el modelo no opera como cash rebate, sino como crédito fiscal transferible, una distinción técnica que, aunque relevante, no cambia el fondo del anuncio: México entra oficialmente en la competencia internacional por las grandes producciones.
Durante la presentación, la presidenta Sheinbaum subrayó que el objetivo es atraer proyectos globales sin perder de vista el desarrollo local.

“Este incentivo busca apoyar a producciones que de otra manera quizá no tendrían la oportunidad y, al mismo tiempo, atraer producciones internacionales, pero garantizando que se contrate a mexicanas y mexicanos en todos los oficios vinculados con la cinematografía”, afirmó.
La secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, precisó que podrán aplicar tanto ciudadanos mexicanos como extranjeros con residencia permanente, así como productores internacionales que trabajen a través de un residente local, reforzando así un modelo de coproducción y asociación con empresas nacionales.
El anuncio llega tras un período de creciente inquietud dentro del sector. Productores locales venían alertando sobre una pérdida progresiva de competitividad frente a mercados como Colombia y Brasil, donde los incentivos ya están consolidados.
No fue casualidad que proyectos mexicanos comenzaran a migrar al extranjero ni que producciones internacionales dejaran de considerar al país como primera opción.
Sin embargo, quedan interrogantes importantes. Falta conocer la letra fina del mecanismo: cómo se transferirá el crédito fiscal, en qué plazos se recupera la inversión y qué tan ágil será el comité técnico encargado de aprobar proyectos.
A ello se suma el debate de fondo que ya existía antes del anuncio: la exigencia gubernamental de formalización laboral y fiscal como condición para acceder al estímulo, un punto que sigue generando fricción con parte del sector, sobre todo en la producción cinematográfica.
Aun así, para Paul Vaca, productor mexicano con experiencia en coproducción internacional y director de la incubadora MexCA, el decreto representa una actualización largamente esperada.
“México se moderniza a una forma de hacer negocios audiovisuales que ya es estándar en otros países. Antes no estábamos realmente en la conversación con Colombia y Brasil, ahora entramos al juego”.

Vaca explica que el nuevo esquema permite atraer proyectos de alrededor de US$ 6 millones, una escala que coloca al país en otra liga dentro del mercado latinoamericano.
El requisito del 70% del gasto local, además, se alinea con estándares internacionales de coproducción, facilitando el acceso a financiamiento complementario.
“Esto permite jugar en proyectos de mayor tamaño. Producciones que no estaban considerando a México ahora pueden hacerlo”, asegura Vaca.
También rechaza la idea de que el estímulo beneficie exclusivamente a las grandes plataformas.
“No lo veo como un mecanismo solo para Netflix o Amazon. Lo veo como una herramienta para sostener el tejido social audiovisual que ya existe: técnicos, creativos, productores medianos que hoy no tenían condiciones de competitividad. El vaso está medio lleno; antes el panorama era gris”, finaliza.













