El consumo se ha “balcanizado” y la producción se ha enlentecido, pero América Latina ya tiene todas las herramientas (y una serie de ventajas) para despegar, argumenta Manuel Martí en el marco de su sesión en los Platino Talks.

Con un mercado OTT local cifrado en US$ 11.500 millones, el productor argentino Manuel Martí observa una paradoja entre el potencial de América Latina y su realidad audiovisual.
“América Latina tiene un mercado en expansión y talento creativo sobrado, pero la mayoría de los proyectos nunca despegan”, dice a Cveintiuno.
Martí es productor ejecutivo en la compañía argentina Cohn+Duprat (‘El encargado’, Disney+) y su trayectoria incluye cinco años como head de desarrollo scripted en Fremantle para América Latina, cinco años en la productora argentina Polka y una etapa en Turner Latam.
Y este jueves 19 de marzo abrió el ciclo 2026 de Platino Talks con su sesión “Arquitectura de un proyecto Latam: de la voz local al impacto global”.
El título hace referencia a lo que, según Martí, explica esta paradoja: la región sufre de un problema de arquitectura en el armado de sus proyectos y de una falta de adecuación a los cambios de la industria.
“La cadena de valor en la región era muy grande y productiva, porque teníamos a los grandes grupos como Globo, Azteca, Televisa, Chilevisión, Mega y Telefe produciendo cientos de horas de ficción para TV abierta cada año”, recuerda.
“Pero todas esas horas desaparecieron por un cambio en el modelo de consumo y de negocio, impulsado por la caída de la publicidad en TV abierta. El consumo se balcanizó completamente”, agrega.

Lo anterior, argumenta, creó un caldo de cultivo perjudicial para las productoras, que en algunos casos pasaron de producir cientos de horas de televisión al año a solo diez, seis o ninguna.
“Es muy difícil generar sustentabilidad con bloques de producción tan cortos y con tanto tiempo de desarrollo como el que los streamers nos piden”, argumenta.
Y esa situación se vio agravada por el proceso de consolidación que atraviesa la industria y la reducción en la inversión tras el fin de “la guerra del streaming”.
Pero, aunque el presente es desafiante, el ejecutivo destaca que de esta situación han emergido una serie de herramientas que, junto a las ventajas comparativas de América Latina, deben ser capitalizadas.
En ese sentido, Martí destaca la proliferación de incentivos nacionales en países como Colombia, Uruguay o, más recientemente, México, que están dinamizando a sus industrias locales y permitiendo a los productores coproducir con las plataformas.
La adaptación mexicana de ‘The Good Wife’ (‘La ley de Alicia’, TIS Studios) o el spinoff de la serie carcelaria ‘El marginal’ (‘En el barro’, Underground Producciones) son dos buenos ejemplos de proyectos realizados en coproducción con Netflix.
“Si la productora local puede traer un 40% del rebate, al final es socia en un 40% del contenido. Y eso hace que los originals, que eran casi la única fuente de contenido en la región, pasen ahora a ser una opción más y que las copros puedan ser viables para los productores y los creativos de Latinoamérica”, destaca Martí.
A eso se le suma la irrupción de las marcas como inversoras en la producción de contenidos, una tendencia al alza y que es particularmente visible en la reciente película argentina ‘Homo Argentum’, de Cohn y Duprat, donde la integración de marcas representó casi la cuarta parte del presupuesto.
“La ficción es un lugar muy habitable para las marcas por la calidad de las producciones, lo orgánica que puede ser la relación y porque en una ficción la integración de marca no se puede skippear”, señala.
“Hoy las marcas pueden ser un socio más”, añade.

Junto a estas herramientas, el ejecutivo identifica una serie de ventajas de la región, como la importancia de Brasil en el contexto internacional del streaming (es el segundo mercado por detrás de Estados Unidos para Netflix y Amazon), las más de 500 millones de personas que hablan español y la “cross-polinización” entre España y Latinoamérica.
El productor pone como ejemplo el caso de ‘El encargado’, que fue un éxito en España y Brasil, o el reciente acuerdo que la propia Cohn+Duprat cerró con Gaumont US para desarrollar una serie en España basada en un libro argentino.
“Estas situaciones se empiezan a ver y son más habituales que antes. Pero con 500 millones de personas que hablan español somos un mercado aún subejecutado”, lamenta.
A eso le suma la oportunidad que representa el mercado US Hispanic, sobre todo para países como México, Colombia y Venezuela.
América Latina tiene además según Martí otra ventaja que debería saber explotar: una tradición audiovisual basada en el desarrollo de personajes, un expertise cada vez más requerido por streamers que buscan “completion rates”.

“Nuestro fuerte siempre fueron las series de personajes, porque nuestros contenidos eran tiras de 100 o 120 horas donde vos no podías retener al espectador solo con plot twists”, explica.
“Las series anglo, en cambio, están más basadas en tramas. Pero con 18 meses entre una temporada y la siguiente, la única forma de que quieras volver a una historia es si los personajes fueron lo suficientemente fuertes. Y eso es un activo de la narrativa latinoamericana desde siempre. El personaje te da engagement y el thriller te da el completion rate. Ese mix nos pone en un lugar que está especial”, agrega poniendo como ejemplo a ‘¿Quién mató a Sara?’ (Netflix).
Y lo anterior, destaca, también vale para la última gran tendencia de la industria: los microdramas, donde el expertise melodramático de América Latina la coloca como una región con potencial de explotar el género, si es que se encuentra el modelo de monetización adecuado.
“Todas las herramientas y los ingredientes están ahí para América Latina. Las plataformas tienen que darse cuenta y hacer una apuesta más grande en la región, porque cada vez que lo hacen, los contenidos viajan”, concluye.












